lunes, septiembre 14, 2026

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Cuando una mujer ya no puede más: entender el suicidio, sus señales y cómo podemos ayudar

Hay conversaciones que durante demasiado tiempo hemos aprendido a evitar. El suicidio es una de ellas. Pronunciar la palabra todavía incomoda, asusta y, en muchas familias, provoca silencio. Sin embargo, hablar de suicidio de manera responsable no provoca que una persona quiera quitarse la vida; por el contrario, preguntar, escuchar y conectar a alguien con ayuda profesional puede ser una de las formas más importantes de prevención. La Organización Mundial de la Salud sostiene que el suicidio puede prevenirse y que requiere una respuesta que involucre no solamente a los servicios de salud, sino también a las familias, las comunidades y a la sociedad.

El 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, una jornada impulsada por la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio y copatrocinada por la OMS. En 2026, el tema continúa siendo “Cambiar la narrativa sobre el suicidio”, una invitación a pasar del silencio y los prejuicios a conversaciones abiertas, empáticas y capaces de acercar a las personas a la ayuda que necesitan. La OMS estima que más de 720 mil personas mueren por suicidio cada año en el mundo, aunque detrás de cada muerte existen muchas más personas que atraviesan pensamientos o conductas suicidas.

En México, los datos también muestran que estamos frente a un problema de salud pública que merece atención. De acuerdo con el INEGI, en 2023 se registraron 8,837 suicidios en el país. La tasa fue de 6.8 suicidios por cada 100 mil habitantes; 2.5 correspondió a mujeres y 11.4 a hombres. Estas cifras muestran una realidad importante: aunque los hombres presentan una tasa de mortalidad por suicidio mayor, las mujeres también atraviesan de manera significativa pensamientos, crisis y conductas suicidas, y necesitan espacios de prevención y atención adaptados a sus experiencias.

El suicidio no tiene una sola causa

Uno de los errores más peligrosos cuando hablamos de suicidio es buscar una explicación sencilla: “terminó con su pareja”, “tenía problemas económicos”, “estaba deprimida”, “tenía una familia”, “parecía feliz”. La realidad es mucho más compleja. La OMS explica que las conductas suicidas pueden estar relacionadas con una combinación de factores psicológicos, sociales, culturales, biológicos y ambientales. Una persona puede llegar a una crisis después de acumular durante meses o años diferentes formas de sufrimiento, o puede atravesar un momento agudo en el que siente que ya no tiene recursos para afrontar lo que está viviendo.

La depresión es uno de los factores relacionados con el riesgo suicida, pero tampoco significa que toda persona con depresión vaya a intentar suicidarse ni que todas las personas que tienen pensamientos suicidas tengan necesariamente un diagnóstico de depresión. La OMS señala que también pueden intervenir la ansiedad, el consumo problemático de alcohol u otras sustancias, el dolor o una enfermedad crónica, la violencia, los abusos, las pérdidas, los conflictos de pareja, las dificultades económicas, la discriminación y el aislamiento social. Un intento previo de suicidio es, además, uno de los factores de riesgo más importantes.

Por eso es tan importante dejar de preguntar únicamente “¿qué le pasó?” y empezar a preguntarnos también “¿cuánto tiempo lleva sufriendo y cuánto ha tenido que cargar sola?”

¿Pero cómo puede sentirse así una mujer que tiene esposo, pareja e hijos?

Esta es una de las preguntas que muchas personas se hacen cuando conocen un caso cercano. Y es precisamente aquí donde debemos cambiar nuestra manera de entender la salud mental.

Tener una pareja, hijos, una casa, un trabajo o una familia que la quiere no significa que una mujer esté emocionalmente a salvo. Los vínculos pueden ser factores protectores, pero no funcionan como una garantía contra la depresión o el suicidio. Una mujer puede estar acompañada y sentirse profundamente sola.

Puede sentirse desconectada de su pareja, agotada por años de cuidar a los demás, atrapada en responsabilidades que no puede delegar, preocupada por el dinero, viviendo violencia psicológica o física, enfrentando una enfermedad, atravesando un duelo o sintiendo que ha perdido completamente la conexión con quien era antes de convertirse en esposa, madre, profesionista o cuidadora.

También puede existir una diferencia enorme entre tener personas alrededor y sentirse verdaderamente acompañada. Una mujer puede preparar la comida, llevar a sus hijos a la escuela, contestar mensajes, trabajar, sonreír en una reunión familiar y, al mismo tiempo, experimentar una angustia que nadie a su alrededor alcanza a percibir.

La OMS reconoce que el aislamiento y la falta de apoyo social están relacionados con las conductas suicidas. Y cuando hablamos específicamente de mujeres, la violencia de pareja merece una atención especial: las investigaciones de la OMS y la OPS han encontrado una relación importante entre la violencia ejercida por la pareja y consecuencias como depresión, ansiedad, dolor crónico y pensamientos suicidas.

Esto significa que una mujer puede estar casada y, aun así, encontrarse en una situación de enorme vulnerabilidad. Incluso una relación que desde afuera parece estable puede esconder control, humillaciones, miedo, aislamiento, violencia o una profunda desconexión emocional.

La maternidad tampoco elimina el riesgo

Existe además una etapa de la vida femenina que merece especial atención: el embarazo y el periodo posterior al nacimiento de un bebé.

La depresión perinatal puede aparecer durante el embarazo o después del parto y no debe confundirse con los cambios emocionales leves y transitorios que algunas mujeres experimentan durante las primeras semanas después de dar a luz. Puede producir tristeza intensa, ansiedad, agotamiento, dificultades para dormir, cambios en el apetito, problemas para vincularse con el bebé y pensamientos relacionados con la muerte o con hacerse daño.

La evidencia científica también ha encontrado una asociación importante entre la depresión perinatal y el comportamiento suicida. Un gran estudio de cohorte realizado en Suecia encontró que las mujeres con depresión perinatal tenían un riesgo significativamente mayor de presentar conducta suicida, especialmente durante el primer año después del diagnóstico.

La maternidad puede ser profundamente significativa, pero también puede estar acompañada de falta de sueño, cambios hormonales, aislamiento, dificultades económicas, presión social, problemas de pareja, pérdida de identidad y una enorme carga de responsabilidades. Ser madre no significa dejar de necesitar cuidado.

Hay mujeres que no parecen estar en crisis

Uno de los mayores desafíos de la prevención es que no siempre existe una imagen evidente de una persona en riesgo.

No todas las mujeres que atraviesan una crisis dejan de trabajar, abandonan a sus hijos o permanecen llorando todo el día. Algunas continúan con su rutina. Contestan mensajes. Van a trabajar. Preparan la cena. Publican fotografías. Incluso pueden mostrarse especialmente tranquilas después de un periodo de angustia.

Por eso conviene prestar atención a los cambios, particularmente cuando son nuevos o se intensifican. Entre las señales de alerta reconocidas por el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos están hablar sobre querer morir, sentirse una carga, expresar desesperanza o sentirse atrapada, experimentar un dolor emocional insoportable, aislarse, despedirse de personas cercanas, regalar pertenencias importantes, asumir riesgos peligrosos, presentar cambios extremos de ánimo, alterar notablemente el sueño o la alimentación y buscar información o hacer planes relacionados con la propia muerte.

Una señal especialmente importante es el cambio brusco. Si una persona que llevaba semanas profundamente angustiada de pronto parece extraordinariamente tranquila, no necesariamente significa que todo esté resuelto. Si además existen otras señales de riesgo, merece atención inmediata.

¿Qué podemos hacer si sospechamos que una mujer está pensando en suicidarse?

Aquí aparece una pregunta que muchas personas se hacen: “¿Y si pregunto y empeoro las cosas?”

La evidencia disponible indica que preguntar directamente sobre el suicidio no aumenta las ideas ni provoca que una persona se suicide. De hecho, puede abrir una conversación que permita identificar el riesgo y acercarla a ayuda.

No necesitamos convertirnos en terapeutas ni investigar su vida privada. Podemos comenzar de una manera mucho más humana: “Te he notado diferente y me preocupa cómo estás. ¿Quieres hablar conmigo?” Si existe una preocupación concreta, también podemos preguntar directamente: “¿Has pensado en hacerte daño o en suicidarte?”

Después viene algo que parece sencillo, pero que muchas veces es difícil: escuchar.

No hace falta responder inmediatamente con consejos. Tampoco decir “tienes que ser fuerte”, “piensa en tus hijos”, “hay personas que están peor”, “échale ganas” o “tienes una familia que te quiere”. Estas frases suelen nacer del deseo de ayudar, pero pueden hacer que la persona sienta que su sufrimiento está siendo minimizado.

Escuchar significa permitir que hable sin juzgarla. Significa decirle que no tiene que resolverlo todo en ese momento y que pedir ayuda profesional no es un fracaso. También podemos ofrecer algo concreto: acompañarla a una consulta, ayudarla a hacer una llamada, quedarnos cerca o contactar a alguien de confianza que pueda apoyarla.

El NIMH resume la intervención en varios pasos: preguntar, estar presente, ayudar a mantener segura a la persona, conectarla con servicios de ayuda y mantener el contacto después de la crisis.

¿Y si nos dice que sí está pensando en suicidarse?

Aquí debemos dejar de preocuparnos por si estamos “invadiendo su privacidad” y comenzar a preocuparnos por su seguridad.

Si una persona expresa que quiere morir, que está pensando en suicidarse o que siente que ya no puede continuar, debemos tomarla en serio. No hay que prometer guardar el secreto. Si existe un riesgo inmediato, no debemos dejarla sola y es importante buscar ayuda urgente, involucrar a una persona de confianza y contactar a los servicios de emergencia o atención en crisis. La OMS recomienda que, ante un peligro inmediato, la persona no permanezca sola y se contacte con servicios de emergencia, una línea de crisis o profesionales de salud.

También puede ser necesario reducir el acceso a objetos, medicamentos u otros medios con los que pudiera hacerse daño. Esto no significa registrar su casa ni controlar su vida; significa crear un entorno temporalmente más seguro mientras llega ayuda profesional.

En México existe Línea de la Vida: 800 911 2000, un servicio gratuito disponible las 24 horas, los 365 días del año, que ofrece orientación especializada en salud mental, incluyendo situaciones de depresión y conducta suicida, y puede canalizar los casos que requieren atención especializada.

Ante una emergencia inmediata o peligro para la vida, debe llamarse al 911 o acudir al servicio de urgencias más cercano.

A veces la intervención comienza mucho antes de una crisis

Prevenir el suicidio no significa esperar a que alguien diga “quiero morir”. También significa prestar atención cuando una mujer comienza a desaparecer emocionalmente de su propia vida.

Cuando deja de disfrutar absolutamente todo. Cuando ya no quiere ver a nadie. Cuando duerme demasiado o casi no duerme. Cuando está permanentemente agotada. Cuando se siente una mala madre, una mala esposa o una carga. Cuando comienza a decir que nada tiene sentido. Cuando deja de imaginar el futuro. Cuando repite que los demás estarían mejor sin ella.

No todos estos síntomas significan que una persona tenga pensamientos suicidas. Pero sí son motivos suficientes para acercarnos, preguntar cómo está y sugerir ayuda profesional.

Y quizá uno de los gestos más importantes sea dejar de esperar que una mujer llegue al límite para considerar que merece ayuda.

Una mujer no tiene que estar sola para sentirse sola

Hay una idea que necesitamos desmontar: “Pero si tiene marido e hijos, ¿cómo puede sentirse así?”

Puede.

Puede tener una familia y sentirse sola. Puede ser querida y estar deprimida. Puede amar profundamente a sus hijos y, al mismo tiempo, sentirse agotada, desesperada o incapaz de continuar. Puede agradecer lo que tiene y aun así necesitar tratamiento. Puede sonreír y necesitar ayuda.

El sufrimiento psicológico no se mide por la cantidad de personas que aparecen en una fotografía familiar.

Por eso, este 10 de septiembre, quizá la conversación más importante no sea únicamente hablar del suicidio, sino aprender a hablar de aquello que puede precederlo: la depresión, la violencia, el agotamiento, la soledad, la ansiedad, el duelo, la enfermedad, la presión económica y esa sensación devastadora de que no existe una salida.

Preguntar puede abrir una puerta. Escuchar puede mantenerla abierta. Y conectar a una persona con ayuda profesional puede cambiar el desenlace.

Porque prevenir el suicidio no consiste en encontrar las palabras perfectas. A veces consiste simplemente en que alguien pueda escuchar, sin juzgar: “Estoy aquí. Te creo. No tienes que atravesar esto sola. Vamos a buscar ayuda.”

Si este artículo te hizo pensar en alguien

Si tú o una persona cercana está atravesando una crisis, presenta pensamientos de suicidio o habla de no querer vivir, no esperes a que la situación empeore. En México puedes llamar gratuitamente a Línea de la Vida: 800 911 2000, disponible las 24 horas, los 365 días del año. Si existe peligro inmediato, llama al 911 o acude a urgencias.

Nota editorial: Este artículo tiene fines informativos y de prevención y no sustituye una evaluación realizada por profesionales de salud mental. Las conductas suicidas son complejas y no pueden atribuirse a una sola causa.

🆘 Si tú o alguien cercano necesita ayuda

No tienes que esperar a que una crisis se vuelva una emergencia para pedir ayuda.

📞 Línea de la Vida — México

800 911 2000

🚨 Si existe peligro inmediato

Llama al 911 o acude directamente al servicio de urgencias más cercano.

La Secretaría de Salud recomienda utilizar el 911 cuando se trata de una emergencia.

💬 Consejo Ciudadano — Línea de Seguridad y Chat de Confianza

55 5533 5533

Ofrece atención psicológica y contención emocional 24/7, por teléfono y WhatsApp. El Consejo Ciudadano señala que también puede proporcionar apoyo psicológico gratuito y canalización.

Consejo Ciudadano — apoyo psicológico y Chat de Confianza

🧠 Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz

Para quienes buscan atención psiquiátrica especializada, el Instituto Nacional de Psiquiatría cuenta con servicios clínicos y programas de atención. Su conmutador es 55 4160 5000.

Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz

🏥 Si eres derechohabiente del IMSS

El IMSS cuenta con Orientación Médica Telefónica: 800 2222 668, opción 4, con atención de lunes a viernes de 8:00 a 20:00 horas.

IMSS — Salud Mental

Preguntar no empeora una crisis. Escuchar no significa tener todas las respuestas. Y pedir ayuda no es una señal de debilidad. Si alguien está en riesgo, acompañarla hasta encontrar ayuda profesional puede ser una de las decisiones más importantes que tomemos.

Fuentes

OMS, Día Mundial para la Prevención del Suicidio y ficha sobre suicidio; Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos (NIMH), señales de advertencia y acciones para ayudar; INEGI, Estadísticas a propósito del Día Mundial para la Prevención del Suicidio; OPS/OMS, violencia contra las mujeres; CONASAMA, Línea de la Vida.

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