No siempre necesitas dormir más. A veces el cansancio es la manera en la que tu cuerpo te dice que algo necesita atención. Desde el estrés y el sueño hasta cambios hormonales, alimentación o una deficiencia nutricional, estas son algunas razones que podrían estar detrás de esa sensación de agotamiento que no parece desaparecer.
Hay días en los que simplemente estamos cansadas. Dormimos poco, tenemos una semana complicada, trabajamos demasiado y sabemos perfectamente por qué necesitamos una pausa.
Pero hay otro tipo de cansancio, ese que aparece aunque hayas dormido. El que hace que levantarte por la mañana se sienta como una tarea enorme, que te cueste concentrarte, que llegues a la tarde sin energía o que sientas que necesitas café para atravesar el día.
Y entonces aparece la pregunta:
¿Por qué estoy tan cansada últimamente?
La respuesta no siempre es “porque no estás durmiendo suficiente”. El cansancio puede estar relacionado con el descanso, el estrés, la alimentación, el nivel de actividad física, algunos medicamentos o determinadas condiciones de salud. En las mujeres, además, los cambios hormonales que pueden aparecer durante la perimenopausia pueden influir en el sueño, el estado de ánimo y la sensación general de bienestar.
Lo importante es no asumir que todo cansancio es normal, especialmente cuando es nuevo, intenso o persiste durante semanas.
Quizá estás durmiendo, pero no estás descansando
Dormir ocho horas no siempre significa tener ocho horas de buen descanso. Puedes pasar suficiente tiempo en la cama y, aun así, despertarte sintiendo que podrías dormir otras tres horas. El estrés, los despertares nocturnos, un horario irregular, el consumo de alcohol, algunos medicamentos y trastornos del sueño pueden afectar la calidad del descanso.
En algunas mujeres, además, los cambios que aparecen durante la perimenopausia pueden hacer que dormir bien se vuelva más complicado. Los sofocos y sudores nocturnos, por ejemplo, pueden interrumpir el sueño y dejar una sensación de agotamiento al día siguiente. Por eso, antes de preguntarte solamente “¿cuántas horas estoy durmiendo?”, quizá convenga preguntarte también:
“¿Cómo me estoy sintiendo cuando despierto?”
El estrés también agota, aunque no estés haciendo ejercicio
Hay un cansancio que no viene de correr, entrenar o pasar todo el día de pie, viene de pensar. Pendientes, trabajo, familia, dinero, relaciones, mensajes, decisiones, responsabilidades. La mente puede pasar horas funcionando incluso cuando el cuerpo está sentado frente a una computadora.
El estrés sostenido puede afectar el sueño, el estado de ánimo y la energía. Y cuando se convierte en parte de la rutina, podemos llegar a acostumbrarnos tanto a él que dejamos de reconocerlo como una fuente de agotamiento.
A veces no necesitas otra taza de café. Necesitas dejar de estar disponible durante un rato.
¿Estás comiendo lo suficiente?
La alimentación también puede tener mucho que ver con cómo te sientes. Comer muy poco, saltarse comidas con frecuencia o llevar dietas demasiado restrictivas puede dificultar que el organismo reciba suficiente energía y nutrientes. Y aquí aparece algo especialmente importante: no todo cansancio significa que necesitas un suplemento.
Una alimentación variada que incluya proteínas, frutas, verduras, cereales integrales, legumbres y grasas saludables proporciona muchos de los nutrientes necesarios para mantener una buena salud.
Si tu alimentación ha cambiado recientemente o estás intentando perder peso reduciendo drásticamente las calorías, vale la pena preguntarte si realmente estás comiendo lo suficiente. Porque comer menos no siempre significa sentirte mejor.
El hierro merece una mirada especial
En las mujeres que todavía tienen menstruaciones, especialmente cuando son abundantes, la pérdida de hierro puede contribuir a desarrollar anemia por deficiencia de hierro. Y uno de sus síntomas puede ser precisamente esa sensación de cansancio o debilidad que parece no tener explicación.
Pero hay una diferencia importante entre sospechar una deficiencia y tomar hierro por tu cuenta. El cansancio puede tener muchas causas y el exceso de hierro también puede resultar perjudicial. Si tienes menstruaciones muy abundantes, cansancio persistente, debilidad, mareos o palidez, lo adecuado es hablar con un profesional de la salud para determinar si necesitas estudios.
A veces la respuesta está en una analítica, no en el suplemento de moda.
También puede ser vitamina B12
La vitamina B12 participa en la formación de glóbulos rojos y en el funcionamiento del sistema nervioso. Una deficiencia puede producir cansancio y debilidad, además de otros síntomas.
El riesgo puede ser mayor en personas que siguen dietas vegetarianas o veganas sin una fuente adecuada de B12, así como en personas que tienen problemas para absorberla.
Y conforme envejecemos, la absorción de la vitamina B12 de los alimentos puede disminuir en algunas personas. Eso no significa que cualquier mujer cansada necesite B12.
Significa que, cuando existe una razón para sospechar una deficiencia, vale la pena investigarla en lugar de adivinar.
Sí, las hormonas también pueden tener algo que ver
Si estás en tus 40, quizá hayas notado cambios que antes no estaban ahí: tu ciclo menstrual ya no es tan predecible, duermes diferente, tienes sofocos, cambios de humor o sientes que tu energía no responde como antes.
La perimenopausia puede comenzar varios años antes de la menopausia y durante esta transición las fluctuaciones hormonales pueden afectar distintos aspectos de la vida cotidiana, incluido el sueño. Y cuando duermes mal durante varias noches, el cansancio puede sentirse enorme. Pero hay algo que conviene recordar:
No todo cansancio después de los 40 es hormonal.
Culpar automáticamente a las hormonas puede hacer que pasemos por alto otras causas que sí necesitan atención.
A veces moverte más ayuda
Puede sonar contradictorio, pero cuando estamos cansadas solemos movernos menos.
Pasamos más tiempo sentadas, dejamos de hacer ejercicio y esperamos recuperar energía para volver a activarnos.
Sin embargo, la actividad física regular puede ayudar a mejorar el sueño, el estado de ánimo y la salud general. No necesitas empezar con una rutina agotadora. Caminar, hacer ejercicios de fuerza, bailar, nadar o simplemente aumentar el movimiento diario puede ser un buen comienzo. La clave está en encontrar una actividad que puedas mantener. No necesitas castigar a tu cuerpo para cuidarlo.
Y otras veces, necesitas hacerte revisar
Hay momentos en los que el cansancio deja de ser una cuestión de “necesito descansar más”.
Si llevas varias semanas sintiéndote agotada sin una explicación clara, si está interfiriendo con tu trabajo o tu vida cotidiana o si aparece acompañado de otros síntomas, merece la pena consultar con un profesional de la salud.
Dependiendo de tu historia y tus síntomas, puede ser necesario investigar cuestiones como anemia, problemas de tiroides, deficiencias nutricionales, trastornos del sueño, infecciones, efectos secundarios de medicamentos u otras condiciones. No necesitas llegar al límite para pedir ayuda.
¿Cuándo el cansancio merece atención urgente?
Aunque la mayoría de los episodios de cansancio no son una emergencia, existen señales que no deberíamos ignorar.
Busca atención médica inmediata si el cansancio aparece de manera repentina y está acompañado de dolor en el pecho, dificultad para respirar, desmayo, confusión, debilidad intensa o cualquier síntoma grave o inusual.
Y si simplemente llevas tiempo sintiéndote diferente, sin saber exactamente por qué, también merece una conversación con tu médico. Conocerte incluye reconocer cuándo algo no se siente como siempre.
Quizá tu cuerpo no te está fallando
Vivimos en una cultura que celebra estar ocupadas. Contestamos mensajes mientras desayunamos, trabajamos cuando deberíamos descansar y llenamos cada espacio libre con pendientes. Después nos sorprendemos cuando el cuerpo empieza a decir “ya no puedo más”.
El cansancio no siempre es falta de disciplina. A veces es sueño insuficiente. A veces es estrés. A veces es alimentación. A veces es una etapa hormonal. Y algunas veces es una señal de que algo necesita ser revisado.
Por eso, la próxima vez que te escuches decir “¿por qué estoy tan cansada últimamente?”, quizá no tengas que responderte inmediatamente con otra taza de café.
Haz una pausa.
Pregúntate cómo estás durmiendo, cómo estás comiendo, cuánto estrés estás cargando y si este cansancio es algo nuevo. Y si no encuentras una explicación, no lo normalices.
Tu cuerpo no necesita que lo ignores para demostrar que eres fuerte. Necesita que lo escuches.
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