Recibir un diagnóstico de cáncer de mama puede cambiar muchas cosas de un momento a otro. Además de las consultas, estudios y tratamientos, aparecen preguntas muy cotidianas: ¿qué debería comer?, ¿puedo seguir haciendo ejercicio?, ¿debo cambiar mi rutina?, ¿cómo puedo ayudar a mi cuerpo durante este proceso?
La respuesta no es igual para todas. El tipo de cáncer, el tratamiento, los efectos secundarios, el estado de salud y las necesidades de cada persona influyen en lo que puede ser adecuado. Por eso, cualquier cambio importante en la alimentación o en la actividad física debe comentarse con el equipo médico que lleva el tratamiento.
Alimentarse bien también forma parte del cuidado
Durante un tratamiento contra el cáncer, comer puede convertirse en algo más complicado de lo habitual. Las náuseas, los cambios en el gusto y el olfato, la falta de apetito, las llagas en la boca o algunos problemas digestivos pueden hacer que una persona coma menos o que ciertos alimentos que antes disfrutaba ya no le resulten agradables.
Por eso, la alimentación durante el tratamiento del cáncer de mama no debería entenderse como una dieta perfecta que hay que cumplir a toda costa. El objetivo es proporcionar al organismo los nutrientes, las calorías, las proteínas y los líquidos que necesita, de acuerdo con las circunstancias de cada persona.
Una buena alimentación puede ayudar a mantener la fuerza y la energía, conservar el peso y las reservas nutricionales, tolerar mejor algunos efectos secundarios y favorecer la recuperación. Sin embargo, las necesidades pueden cambiar a lo largo del tratamiento.
¿Qué debería incluir la alimentación?
Cuando no existen problemas específicos que dificulten comer, una alimentación variada puede incluir frutas y verduras, granos integrales, legumbres, fuentes de proteína como pescado, pollo, huevos o alimentos de origen vegetal y suficientes líquidos.
Pero durante el tratamiento no siempre es posible seguir las recomendaciones de una alimentación saludable de manera convencional. Si una persona está perdiendo peso, tiene poco apetito o presenta dificultades para comer, puede necesitar alimentos con más calorías o proteínas durante un periodo determinado. En estos casos, lo más importante es cubrir sus necesidades nutricionales y no perseguir una alimentación “perfecta”.
También conviene tener cuidado con los suplementos. Vitaminas, minerales, productos herbales o cualquier otro complemento no deberían incorporarse por cuenta propia, ya que algunos pueden no ser apropiados durante determinados tratamientos. Lo recomendable es consultar primero con el médico o con un profesional de nutrición especializado en pacientes oncológicos.
Cuando comer se vuelve difícil
Hay momentos en los que simplemente sentarse frente a un plato puede convertirse en un reto. Si existe poco apetito, puede resultar más sencillo hacer comidas pequeñas varias veces al día en lugar de intentar comer grandes cantidades de una sola vez.
También pueden ser útiles alimentos fáciles de preparar y consumir, especialmente cuando el cansancio hace difícil cocinar. Si aparecen náuseas, cambios importantes en el gusto, diarrea, estreñimiento, dificultad para tragar o pérdida de peso, es importante comunicarlo al equipo de atención médica para encontrar una estrategia adecuada.
No todas las personas necesitan comer de la misma manera durante el tratamiento. Lo que funciona para una puede no funcionar para otra.
¿Se puede hacer ejercicio durante el tratamiento?
En muchos casos, sí. La American Cancer Society señala que para la mayoría de las personas la actividad física puede ser segura y útil antes, durante y después del tratamiento contra el cáncer. Puede contribuir a mantener la capacidad física, mejorar la calidad de vida, ayudar con la fatiga y favorecer el bienestar emocional.
Eso no significa que una persona tenga que continuar con la misma rutina de ejercicio que tenía antes del diagnóstico.
Durante el tratamiento, la cantidad y la intensidad de actividad que una persona puede realizar pueden depender del tipo y etapa del cáncer, el tratamiento que recibe, su nivel de energía, su fuerza y su condición física. Alguien que antes corría varios kilómetros quizá necesite reducir la intensidad, mientras que una persona que no hacía ejercicio puede comenzar con caminatas cortas y suaves.
La idea no es competir contra el cansancio ni demostrar que podemos seguir haciendo todo igual que antes. Mantenerse activa debe adaptarse al momento que está viviendo el cuerpo.
Empezar poco a poco también cuenta
Cuando existe mucha fatiga, incluso unos minutos de movimiento pueden ser un comienzo. Una caminata corta, ejercicios suaves de movilidad o alguna actividad recomendada por el equipo médico pueden ser más adecuados que intentar recuperar de golpe una rutina anterior.
La recomendación general es comenzar lentamente, aumentar la actividad de manera gradual y descansar cuando el cuerpo lo necesite. Si aparece dolor, dificultad para respirar, una lesión o una recuperación mucho más lenta de lo habitual después del ejercicio, debe comunicarse al equipo médico.
Además, dependiendo del tratamiento y del riesgo de infección, pueden existir recomendaciones específicas sobre dónde y cómo hacer ejercicio. Por ejemplo, algunas personas podrían necesitar evitar gimnasios públicos o lugares concurridos durante determinados periodos.
No hay que convertir el ejercicio en otra obligación
Durante el cáncer de mama, es fácil sentir que todo se convierte en una lista de cosas que hay que hacer correctamente: comer mejor, hacer ejercicio, descansar, acudir a las consultas y cumplir con el tratamiento. Pero también es importante escuchar al cuerpo.
Habrá días con más energía y otros en los que levantarse de la cama ya represente un esfuerzo. Descansar cuando es necesario no significa abandonar el cuidado personal. De la misma manera, hacer menos ejercicio durante una etapa del tratamiento no significa haber perdido los avances anteriores. El movimiento puede formar parte del bienestar, pero no debe convertirse en una fuente adicional de presión.
¿Y después del tratamiento?
Cuando los efectos secundarios disminuyen y el cuerpo comienza a recuperarse, muchas personas pueden aumentar poco a poco el tiempo y la intensidad de la actividad física. La alimentación también puede ir adaptándose a las nuevas necesidades y a la forma en que ha cambiado el cuerpo durante el proceso.
Después del tratamiento, una alimentación saludable puede contribuir a recuperar fuerza y energía y a cuidar la salud general. La American Cancer Society recomienda, entre otras cosas, incluir una variedad de verduras, frutas, granos integrales, legumbres y fuentes saludables de proteína, así como limitar carnes rojas y procesadas, bebidas azucaradas y alimentos muy procesados.
Pero incluso en esta etapa, las necesidades no son idénticas para todas las mujeres. Si persisten problemas para comer, cambios de peso, dificultad para tragar u otros efectos secundarios, conviene hablar con el equipo médico antes de hacer cambios importantes.
Cuidar el cuerpo sin dejar de vivir
Durante un tratamiento contra el cáncer de mama, cuidar la alimentación y mantenerse activa cuando sea posible pueden formar parte de una rutina que ayude al bienestar. Pero el cuidado también incluye descansar, pedir ayuda, mantener vínculos, encontrar momentos agradables y permitirse días en los que simplemente no se puede hacer tanto.
No se trata de encontrar una dieta milagrosa ni de hacer ejercicio para “combatir” el cáncer. La alimentación y la actividad física son herramientas de cuidado que pueden acompañar el tratamiento, siempre de acuerdo con las necesidades y las indicaciones del equipo de salud.
Porque durante el cáncer de mama, cuidarse también significa escuchar al cuerpo, respetar sus tiempos y entender que no todos los días tienen que ser iguales.
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Importante: Este artículo tiene fines informativos y no sustituye la valoración de un médico, oncólogo o profesional de nutrición. Las necesidades de alimentación y actividad física durante el tratamiento pueden variar de una persona a otra. Antes de realizar cambios importantes en tu dieta o rutina de ejercicio, consulta con tu equipo de atención médica.
Fuentes
American Cancer Society — Nutrición y actividad física durante el tratamiento y después de él.
American Cancer Society — Beneficios de una buena alimentación durante el tratamiento contra el cáncer.
American Cancer Society — Actividad física cuando se tiene cáncer.
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