Hay algo que haces todos los días sin pensarlo: respirar, recordar, sentir, caminar, hablar, tomar decisiones, enamorarte, preocuparte, imaginar una conversación que todavía no sucede o recordar una canción que escuchabas hace años.
Todo eso tiene algo en común: tu cerebro está detrás de una enorme cantidad de los procesos que hacen posible nuestra vida cotidiana.
Aunque solemos hablar de él como si fuera una especie de computadora dentro de nuestra cabeza, el cerebro humano es mucho más complejo. Está formado por miles de millones de células nerviosas que se comunican constantemente entre sí y con el resto del organismo.
Y lo más fascinante es que todavía hay muchísimo que no sabemos sobre él.
¿Qué es exactamente el cerebro?
El cerebro es una de las principales estructuras del sistema nervioso central y forma parte del encéfalo. Se encuentra protegido por el cráneo y está rodeado por líquido cefalorraquídeo, que contribuye a protegerlo y amortiguar movimientos.
Su trabajo no consiste en hacer una sola cosa. El cerebro recibe información del exterior y del interior de nuestro cuerpo, la procesa y genera respuestas. Al mismo tiempo, participa en procesos mucho más complejos como la memoria, el aprendizaje, el lenguaje, las emociones, la atención y la toma de decisiones.
En otras palabras: no solo nos permite reaccionar ante lo que ocurre; también nos permite interpretar lo que ocurre.
¿El cerebro es un músculo?
No. Y esta es una de esas ideas que hemos escuchado tantas veces que parece cierta.
El cerebro no es un músculo. Los músculos están formados principalmente por células musculares, mientras que el cerebro está compuesto por neuronas y células gliales, que cumplen diferentes funciones y permiten que el sistema nervioso funcione correctamente.
Entonces, ¿por qué decimos que hay que “ejercitar” el cerebro?
Porque determinadas actividades pueden estimular nuestras capacidades cognitivas y ayudarnos a mantenerlas activas. Leer, aprender algo nuevo, resolver problemas, tocar un instrumento o adquirir nuevas habilidades son ejemplos de actividades que ponen al cerebro a trabajar. No significa que el cerebro se comporte literalmente como un músculo, pero sí que la experiencia, el aprendizaje y la actividad mental pueden modificar las conexiones entre las células nerviosas.
¿Cómo funciona el cerebro humano?
Imagina que tu cerebro es una enorme red de comunicación. Cada segundo recibe una cantidad impresionante de información: lo que ves, lo que escuchas, lo que tocas, los olores que percibes, lo que comes, tu posición corporal e incluso señales provenientes del interior de tu organismo. Esa información debe ser procesada.
Las neuronas son células especializadas en transmitir información mediante señales eléctricas y químicas. Se comunican entre sí a través de conexiones llamadas sinapsis. Gracias a esta enorme red podemos interpretar nuestro entorno y responder a él.
Por eso, cuando escuchas tu canción favorita, no solamente “oyes” sonidos. Tu cerebro procesa esos sonidos, reconoce patrones, los relaciona con recuerdos y puede incluso provocar una respuesta emocional. Una canción puede transportarte a otro momento de tu vida en cuestión de segundos. Eso también es cerebro.
El cerebro y los sentidos
Nuestros sentidos funcionan como grandes puertas de entrada de información. La vista, el oído, el tacto, el olfato y el gusto envían señales al sistema nervioso, donde son procesadas e interpretadas. Pero aquí hay algo interesante: no experimentamos el mundo simplemente como lo reciben nuestros sentidos.
Nuestro cerebro interpreta la información. Por eso un mismo sonido puede provocar tranquilidad en una persona y nostalgia en otra. Un olor puede recordarte inmediatamente a tu infancia. Una fotografía puede despertar una emoción que parecía olvidada. El cerebro no solo recibe información.
La relaciona con todo lo que has vivido.
¿Y qué pasa con las emociones?
Aquí es donde el cerebro se vuelve todavía más fascinante.
Las emociones no están almacenadas en una única “zona” del cerebro. Son el resultado de la interacción de diferentes regiones y sistemas que participan en la valoración de lo que ocurre, la memoria, las respuestas corporales y la conducta. Cuando sientes miedo, alegría, tristeza, deseo o sorpresa, tu cerebro participa en la interpretación de esa experiencia y coordina diferentes respuestas del organismo.
Por eso una emoción puede sentirse también físicamente. El estrés puede acelerar el corazón. El miedo puede provocar tensión muscular. La alegría puede cambiar nuestra expresión facial. La tristeza puede modificar incluso nuestra energía y nuestras ganas de hacer cosas.
Mente y cuerpo no están separados como solemos imaginar.
El cerebro también participa en la memoria
¿Alguna vez has olvidado dónde dejaste las llaves, pero recuerdas perfectamente una conversación de hace diez años? La memoria no funciona como un archivo perfecto en el que guardamos cada momento de nuestra vida. Es un proceso mucho más complejo.
El cerebro codifica información, la almacena de diferentes maneras y puede recuperarla posteriormente. La atención, las emociones, el sueño y el contexto pueden influir en cómo recordamos algo. Por eso dormir bien también es importante para los procesos relacionados con el aprendizaje y la memoria. Mientras duermes, tu cerebro no simplemente “se apaga”.
Sigue trabajando.
¿Qué hace el cerebro mientras duermes?
Dormir no significa que el cerebro deje de funcionar. Durante el sueño ocurren diferentes procesos relacionados con la regulación del organismo, la memoria y otros aspectos de nuestra función cerebral.
Además, el sueño atraviesa distintas etapas, cada una con características particulares. Por eso dormir no debería verse únicamente como “perder horas del día”. Dormir forma parte del funcionamiento normal del organismo y es fundamental para nuestro bienestar.
El cerebro también controla el movimiento
Antes de levantarte de una silla, tu cerebro participa en una compleja coordinación. Para caminar necesitas controlar músculos, equilibrio, postura y orientación espacial. Lo mismo sucede cuando escribes, bailas, corres, cocinas o simplemente tomas una taza de café.
Muchos de estos movimientos llegan a sentirse automáticos porque hemos practicado determinadas acciones tantas veces que ya no necesitamos pensar conscientemente en cada pequeño paso. Pero detrás de algo tan sencillo como caminar existe una enorme cantidad de coordinación.
¿El cerebro puede cambiar?
Sí. Una de las características más interesantes del cerebro es su capacidad de adaptación. A esta capacidad se le conoce como neuroplasticidad. La neuroplasticidad permite que el sistema nervioso modifique determinadas conexiones y funciones como consecuencia de la experiencia, el aprendizaje y otros procesos. Por eso aprender algo nuevo puede ser difícil al principio y volverse más sencillo con la práctica.
Tu cerebro está aprendiendo. Y esto ocurre durante toda la vida.
El cerebro necesita cuidado
Hablar del cerebro no significa únicamente hablar de memoria o inteligencia. Cuidarlo también implica cuidar el organismo del que forma parte.
Dormir adecuadamente, mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física, aprender cosas nuevas, mantener relaciones sociales y atender nuestra salud en general son hábitos relacionados con el bienestar cerebral y del organismo.
También es importante prestar atención a cambios persistentes en la memoria, el pensamiento, el estado de ánimo o el funcionamiento cotidiano y buscar orientación profesional cuando sea necesario.
Lo que todavía no sabemos del cerebro
Quizá lo más sorprendente del cerebro humano es que, a pesar de todo lo que hemos descubierto, todavía no tenemos todas las respuestas.
La neurociencia ha permitido conocer muchísimo sobre la estructura y funcionamiento del sistema nervioso, pero continúan existiendo preguntas enormes sobre la conciencia, la memoria, las emociones, el sueño, el aprendizaje y la manera en que surge nuestra experiencia subjetiva.
Sabemos que el cerebro participa en aquello que nos permite percibir, pensar, recordar, sentir y actuar. Pero todavía estamos descubriendo exactamente cómo ocurre todo.
Tu cerebro trabaja incluso cuando no te das cuenta
La próxima vez que despiertes, camines hasta la cocina, prepares café, recuerdes algo que tienes pendiente y respondas un mensaje, piensa en esto:
todo eso parece cotidiano porque tu cerebro hace que parezca cotidiano.
Detrás de cada movimiento, cada recuerdo, cada emoción y cada decisión existe una red extraordinariamente compleja que lleva toda tu vida adaptándose a lo que experimentas.
Y quizá esa sea una de las cosas más fascinantes de nuestro cerebro:
nos permite estudiar el mundo mientras, al mismo tiempo, intentamos entendernos a nosotros mismos.
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