Hay una idea bastante extendida de que la bisexualidad es simplemente una etapa, una forma de llamar la atención o una manera de no decidirse. Quizá por eso, cuando una persona dice que es bisexual, todavía puede encontrarse con preguntas que parecen inocentes pero que llevan detrás una enorme cantidad de prejuicios: “¿pero te gustan más los hombres o las mujeres?”, “¿con quién terminarías si tuvieras que elegir?”, “¿seguro que no eres gay?” o incluso “eso se te va a pasar”. El problema es que, aunque estas frases puedan parecer pequeñas, repetidas una y otra vez pueden hacer que una persona sienta que su orientación necesita ser explicada, demostrada o defendida constantemente.
La bisexualidad existe y no necesita ser validada por la relación que una persona tenga en determinado momento. Una persona bisexual puede estar en una relación con un hombre, con una mujer o no estar en ninguna relación y continuar siendo bisexual. La orientación sexual no cambia automáticamente porque cambie la pareja, de la misma manera que una persona heterosexual no deja de ser heterosexual porque durante un periodo de su vida esté soltera.
Y precisamente ahí comienza uno de los problemas más frecuentes: confundir la orientación sexual de una persona con la relación que mantiene actualmente.
1. “Si está con un hombre, entonces es heterosexual”
No. Una relación no determina por sí sola la orientación sexual de quien forma parte de ella.
Una mujer bisexual que está con un hombre continúa siendo bisexual, igual que una mujer bisexual que está con una mujer continúa siendo bisexual. Parece una aclaración sencilla, pero es una de las formas más comunes de invisibilizar la bisexualidad. Cuando una persona está en una relación heterosexual, muchas veces desaparece de la conversación como persona bisexual y vuelve a ser percibida simplemente como heterosexual.
Esto también puede ocurrir cuando alguien termina una relación con una persona de su mismo sexo y comienza otra con alguien de distinto sexo. Desde afuera, algunas personas sienten la necesidad de interpretar el cambio como una “prueba” de que aquella relación anterior no era real o de que la persona finalmente “se decidió”.
Pero una relación no funciona como un examen que determina la orientación de alguien.
La bisexualidad no desaparece porque una persona esté enamorada de alguien determinado.
2. “Las personas bisexuales no saben lo que quieren”
Este es uno de los estereotipos más persistentes: imaginar que una persona bisexual está confundida y que, tarde o temprano, tendrá que elegir entre una orientación u otra.
Pero sentirse atraído por más de un género no significa estar indeciso. La bisexualidad no es necesariamente una escala en la que una persona tenga que descubrir si está “más cerca” de la heterosexualidad o de la homosexualidad.
Además, la experiencia de cada persona bisexual puede ser diferente. No existe una fórmula universal para sentir atracción, ni todas las personas experimentan su orientación de la misma manera o con la misma intensidad a lo largo de su vida.
Por eso preguntarle constantemente a alguien “pero ¿qué eres realmente?” puede transmitir la idea de que su identidad necesita una respuesta más sencilla para ser considerada válida.
No todas las experiencias humanas caben perfectamente en una casilla.
3. “La bisexualidad es una etapa antes de aceptar que eres gay”
Para algunas personas, descubrir su orientación sexual puede ser un proceso y puede tomar tiempo encontrar las palabras que mejor describan lo que sienten. Pero eso no significa que la bisexualidad sea simplemente una estación intermedia que todas las personas deben abandonar.
Una persona puede identificarse como bisexual durante toda su vida.
También puede descubrirlo en la adolescencia, en sus veintes, después de los treinta o incluso mucho más adelante. El momento en que alguien encuentra una palabra para describirse no determina cuánto tiempo ha existido aquello que siente.
Y aquí aparece algo importante: nadie tiene que demostrar su bisexualidad mediante experiencias sexuales o relaciones anteriores.
No necesitas haber tenido una pareja de cada género para que tu orientación sea válida.
4. “Las personas bisexuales son más infieles”
Este mito mezcla orientación sexual con comportamiento y puede convertirse en un estereotipo especialmente dañino dentro de las relaciones.
Ser bisexual no significa tener mayor necesidad de estar con varias personas ni significa ser incapaz de mantener una relación monógama. Una persona bisexual puede elegir una relación monógama, una relación abierta o cualquier otra forma de relación consensuada, exactamente igual que las personas de otras orientaciones sexuales.
La fidelidad tiene que ver con los acuerdos que existen dentro de una relación y con la manera en que las personas respetan esos acuerdos; no con la orientación sexual.
Pensar que una persona bisexual tiene automáticamente “más opciones” y, por eso, será menos fiel supone reducir una identidad completa a un estereotipo.
Y además coloca sobre la persona bisexual una sospecha que quizá nunca tendría que soportar si los demás dejaran de confundir orientación con comportamiento.
5. “Si nadie sabe que eres bisexual, entonces no estás sufriendo discriminación”
La invisibilidad también puede ser una forma de exclusión.
Una persona puede decidir no hablar públicamente sobre su orientación por muchísimas razones: seguridad, privacidad, miedo al rechazo, entorno familiar, trabajo, religión, experiencias anteriores o simplemente porque no desea compartir esa parte de su vida con todo el mundo.
Pero guardar silencio no significa que los prejuicios hayan desaparecido.
De hecho, las personas bisexuales pueden encontrarse en una situación particular: pueden experimentar rechazo tanto desde fuera de la comunidad LGBTQ+ como dentro de ella. El estereotipo de que son “menos gays”, “menos lesbianas” o simplemente “indecisas” puede hacer que su experiencia quede relegada a un segundo plano.

La evidencia disponible también muestra que las personas bisexuales presentan algunas desigualdades específicas en salud y acceso a atención, lo que recuerda que la invisibilidad no es solamente una cuestión de lenguaje o representación: el estigma puede tener consecuencias reales.
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