En el marco de las actividades dedicadas a las infancias, la Secretaría de Cultura de Guanajuato llevó a cabo una jornada especial el pasado 30 de abril en el Forum Cultural Guanajuato, donde la imaginación, el juego y la expresión artística fueron los protagonistas.

Uno de los momentos más entrañables de esta celebración fue la presentación de Poeta de Lavabo, una obra de la compañía Triciclo Rojo que logró conectar con niñas, niños y familias a través de una propuesta escénica sensible, lúdica y profundamente humana.
La función, realizada en el Jardín de las Jacarandas, reunió a decenas de asistentes que, durante 50 minutos, se sumergieron en la historia de Etolo, un caballero andante poco convencional que recorre el mundo en busca de pequeños milagros. Su misión no es heroica en el sentido tradicional, sino emocional: devolver a las personas la fe en sus sueños.

A través del lenguaje del clown, la obra construye un universo donde lo cotidiano se transforma en extraordinario. Sin necesidad de grandes escenografías, Poeta de Lavabo apuesta por la cercanía con el público, el humor sutil y la empatía como herramientas para generar conexión. La risa aparece de manera orgánica, pero también lo hacen la reflexión y la emoción.
Uno de los aspectos más destacados de la puesta en escena es su capacidad de dialogar tanto con infancias como con adultos. Mientras los más pequeños encuentran diversión en los gestos y situaciones, los adultos descubren un mensaje más profundo: la importancia de no perder la capacidad de asombro en medio de la rutina.
La compañía Triciclo Rojo, reconocida por su trabajo en teatro físico y clown contemporáneo, reafirma con esta obra su compromiso con propuestas que no solo entretienen, sino que también invitan a mirar el mundo desde otra perspectiva.

Eventos como este forman parte de una agenda cultural que busca acercar el arte a nuevos públicos y generar espacios de convivencia familiar. En esta ocasión, la entrada libre permitió que más personas pudieran disfrutar de una experiencia escénica de calidad, reforzando la idea de que la cultura también es un derecho accesible.
Más allá del espectáculo, Poeta de Lavabo dejó una huella emocional en quienes asistieron. En un contexto donde las prisas dominan el día a día, detenerse a observar, reír y sentir se convierte en un acto casi extraordinario.
Y quizá ese sea, precisamente, el mayor logro de esta obra: recordarnos que los pequeños milagros sí existen, pero muchas veces pasan desapercibidos.
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