Por: Luz María Cuevas | Viajera Eterna
Hola amigas seguidoras de nuestra interesante revista y su diversidad de contenido.
Estamos muy próximos a celebrar una de las tradiciones más representativas de nuestra cultura y que su origen se remonta a los pueblos indígenas desde antes de la colonización, a diferencia de la tradicional noche de Samhain, famosamente conocida como Halloween, esta festividad tiene un trasfondo en verdad hermoso.
Y que afortunadamente ha prevalecido hasta nuestros días, aun cuando otros festejos se han querido mezclar con la tradición que para el pueblo mexicano no solo es celebración, sino es dar un espacio vivificado a los que ya partieron de éste plano, y es precisamente con gran respeto y creencia, el humanizarlos al menos por una noche, recibirlos, atenderlos, celebrarlos, honrando así su existir. Me refiero a la celebración del Día de Muertos.
Existen tantas maneras de celebración para este día como tantas creencias van desarrollando los pueblos, pero en ninguna se pierde la esencia de la honra a la Muerte como el puente para la vida eterna en el cielo prometido.

México, en su gran gama de formas y pensamientos debido al extenso territorio geográfico, tiene pueblos donde es más destacada ésta celebración, siendo así que sobresale un pueblo mágico en donde la noche del primero de noviembre se envuelve de misticismo y sobrenaturalidad, me refiero al pueblo de Janitzio. Su nombre original
Entre las pequeñas islas del lago de Pátzcuaro destaca Janitzio, seguida de Yunuen entre otras.
Su nombre original purépecha es Janitsío flor de trigo y maíz.
De entre las creencias purépechas, surge la leyenda de que las almas al regresar, vuelan como mariposas sobre el lago de Pátzcuaro y es así que van llegando a la isla de Janitzio y dicen, que si las vemos con los ojos del corazón podremos verlas dibujadas en las olas que forman las lanchas tras su lento desplazamiento por el mágico lago.

Éste pueblo con raíces purépechas, ha defendido bravíamente sus tradiciones y costumbres, conservando cada una de ellas casi intactas; como su vestimenta, su dialecto y han defendido contra el paso del tiempo, el evento más importante del año La Celebración del Día de Muertos, y que por tal forma de celebrar éste día, lo han convertido en uno de los destinos turísticos más relevantes a nivel nacional e internacional.
La cima de la Isla se engalana con el monumento a José María Morelos y Pavón, que se encuentra a 40 metros de altura y que puede verse a lo lejos. Y dentro de este monumento se encuentra una colección de pinturas (del pintor Ramón Alva de la Canal) que retrata la vida de este personaje mexicano.
Para llegar hasta esta hermosa isla, habrá que subir a una barca que se pueden encontrar en el muelle del pueblo.

Es muy interesante éste recorrido ya que los pescadores del lugar y a la vez guías turísticos muestran a los visitantes la antigua forma de pesca con sus redes en forma de mariposa, siendo todo un espectáculo.
Ya en la celebración del día de muertos, los habitantes engalanados en sus mejores trajes purépechas, y los visitantes que acuden a ser parte de éste festejo, se preparan y hacia la medianoche del 1 de noviembre, el panteón se llena de ofrendas florales, música y misterio.
La isla impresiona a los visitantes al ver desembarcar a las barcas a la luz de los faroles que alumbran el muelle de San Pedrito.
Y entonces surge la magia, con la leyenda alrededor de ésta fiesta del Día de Muertos, el Animecha Kejtzitakua, que se traduce al español como “ofrenda a las ánimas”, y tiene su origen en la historia de amor de dos príncipes purépechas.

Mintzita era hija del rey Tzintzicha; Itzihuapa, hijo del Rey Taré y príncipe heredero de Janitzio.
Estos dos príncipes se conocieron y se enamoraron locamente, pero su amor no pudo concretarse, debido a la llegada de los conquistadores españoles.
El padre de Mintzita fue aprendido por Nuño de Guzmán, a cambio de su libertad el rey purepecha le ofreció un tesoro fabuloso, el cual se encontraba bajo las aguas, entre Janitzio y Pacanda.
Itzihuapa para salvar a su padre, se aventuró en busca del tesoro, a pesar de que éste estaba resguardado por las sombras de veinte remeros espectrales, quienes al entrar el príncipe al agua, lo adormecieron y así el joven amante murió ahogado.
Los espectros se quedaron con su alma.

La leyenda cuenta que desde entonces, cada noche del primero de noviembre, al escucharse el sonido triste de las campanas de Janitzio, surge de entre las aguas, la sombra del príncipe Itzihuapa que vuelve con la esperanza de ver a su amada, quien lo espera radiante a la orilla del lago.
Año tras año, tomados de la mano suben la empinada cuesta de la isla y se dirigen al panteón para recibir la ofrenda de los vivos.
En las noches en que la festividad coincide con la luna llena, dicen que es posible ver a los dos amantes despedirse bajo la luz de la luna plateada, prometiéndose volver a encontrarse al año siguiente.
Comida, flores, música, no pueden faltar en este dia de Muertos. Las pirekuas (cantos tradicionales purépechas), no pueden faltar en la celebración, tanto en los hogares como en los panteones.
La flor de cempasúchil engalana casi toda la isla, las gardenias desprenden el mejor de sus aromas y todas ellas rodeadas de las veladoras y el copal. El conjunto crea la apariencia de una nublada noche en un perfumado jardín.
Poco antes de la medianoche del 1 de noviembre, los habitantes de Janitzio salen de sus casas y se unen a la procesión hacia el panteó, con solemnidad y respeto.

Cuando llegan a las tumbas de sus difuntos, colocan hermosas servilletas bordadas sobre las tumbas y depositan ahí los alimentos que en vida eran sus preferidos. Adornan la tumba con flores y veladoras.
La noche transcurre entre alabanzas, rezos y cantos de las mujeres y niños, mientras que los hombres montan guardia en las afueras del cementerio, para que ninguna “mala alma” entre y robe la paz.
No puede faltar el sonido melancólico de la campana colocada en el arco de la entrada del cementerio, que llama a las ánimas para que se manifiesten.
En ésta visita a éste místico lugar se puede disfrutar de la gastronomía típica de origen purépecha.
La sopa tarasca elaborada a base de frijol bayo, caldo de pollo, jitomate, tortillas fritas y chile ancho.
Las corundas, tamales típicos que son unos triangulitos de masa rellenos de queso, carne o verduras.
Y los uchepos, hechos de elote tierno, que pueden ser salados o dulces.
Hay tanto que disfrutar en éste hermoso lugar en cualquier época de año. Ya que en diferentes temporadas se llevan a cabo varios eventos culturales, como el concierto en la Basílica de Nuestra
Señora de la Salud de Pátzcuaro y en la capilla abierta del ex Convento Franciscano de Tzintzuntzan puedes asistir a la obra de teatro “Don Juan Tenorio”.
Te recomiendo que lleves ropa y zapatos cómodos y abrigados, porque el clima comúnmente es frío.
Por último te platico que el lago de Pátzcuaro y su isla de Janitzio se ubican a 60 kilómetros de Morelia, capital del estado de Michoacán.
Que te ha parecido.. ¿Viajamos juntas? La imaginación no tiene límites, pero en cuanto puedas, hazlo de verdad.
¡Hasta nuestra próxima aventura viajera!
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